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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006. Repasando fotos del móvilDesde que tengo un móvil con cámara de 2 megapixels, un poco antes del verano, la verdad es que con mi escasa alma de reportera que tengo, no lo he amortizado demasiado. Pero algo, si. He aquí algunos de los momentos inmortalizados por este aparato, que a pasado de ser en muy poco tiempo una “simple” herramienta de tu me llamas yo te llamo, ha ser un complejo artilugio con múltiples usos y servicios.
Jamada en el Simón. Esto fue la primera semana nada más llegar de Costa Rica. Todavía estábamos muy contentos y felices por el viaje y estando así de alegres es imposible pasártelo mal. Vinieron unos amigos mexicanos de Txelu. Las chuletas estaban muuuy ricas.
De copas por el Casco. Empezamos en el Marzana Hafo Txelu, Vaquero y yo. El abuelote Vaquero se retiró y nosotros nos bajamos al Muga. Allí aparecieron muy alegres Hitz y Leandro. Hicimos dos o tres bares más y nos fuimos sobre las 3 a casa. Fue el típico día que sales sin ánimo de mucha cosa y acabas pasándotelo muy bien. Simplemente, estas a gusto. Los días en los que no esperas nada son los mejores porque el cuerpo esta receptivo de una forma más natural, menos premeditada y se deja llevar mejor.
Cena de cumpleaños. Idoia y yo cumplimos el mismo mes y todos los años hacemos una cenita. Me gusta hacer esta cena porque me lo paso bien y porque así tengo ocasión de reencontrarme con Kattilotxu lore ederra, (arriba izquierda), a la cual veo muy poco. Esa noche nos fuimos a casa, además de cargados de regalos promocionales de Ron Cacique, con 24 euracos que ganaron entre Hafete y Katti en una máquina de bingo-petanca. Ganar es guay. Sesión de peluquería
Hoy ha tocado tarde de peluquería. La cosa comenzaba por Aitziber con la cual he estado un buen rato hasta que ha empezado a salir algo. Más tarde han llegado Markel y Oier. Kelo, no sé a cuenta de qué, venía preparado con una maquinilla para que Oier le rapara al 1. Pero me he animado: venga, vamos a darle al menos algo de forma, aunque sea un poquito. Y así, entre tijeretazo y tijeretazo, es como he acabado dando unos mínimos retoques a Oier (ese pelo largo de atrás mejor hubiera sido cortarlo hermano). Desde que compré unas tijeras de peluquería profesionales, da gusto oír el sonido del pelo cortado. Es como pintar, que se disfruta viendo cómo se va cubriendo una superficie tras el pincel. En la próxima "fashion sesión" no estaría mal aserrar un flequillo bien recto, que estoy un poco aburrida de cortar pelos irregulares.Me gusta y me lo he pasado muy bien, pero menos mal que no había nadie más. :)
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